
Luz entra por esa
ventana; así es el amor de Dios. Su luz nos caliente, nos ilumina, sin Él no
podemos subsistir. Él es el aire que respiramos y es todo lo que anhelamos.
Hay quienes dudan,
pobrecitos; se ahogan en su mar de negativismo; pero para los creyentes
verdaderos la lluvia fresca del Creador los limpia y los refresca en esos días
calurosos y secos del diario vivir.
Todo lo bello que nos
rodea es Dios, simplemente con mirarlo y contemplarlo...